3 abril, 2010

Formación sindical: Un imperativo de la Organización

Los tiempos y circunstancias actuales imponen a las or­ganizaciones sindicales exi­gencias cada vez más complejas para cumplir sus funciones con la eficacia que las mismas requieren.

Los cambios y transformaciones impuestas por la globalización, o según algunos pensadores la mun­dialización del poder, han impac­tado en el mundo del trabajo de manera muy significativa, creando condiciones que afectan al empleo, a los trabajadores y a sus aspira­ciones de ascenso social.

En nuestro país, el neoliberalismo y sus políticas en lo económico, social y cultural profundizaron la desigualdad social, acrecentando la exclusión y la marginalidad, como consecuencia del desem­pleo y los bajos salarios. Esto es el resultado de su concepción que considera al trabajo como mer­cancía y a las relaciones laborales una transacción sujeta a leyes de la oferta y la demanda.

Esto reafirma además la lógica del capitalismo, que solo reconoce a los propietarios de los medios de producción y de servicios la exclu­siva y libre disposición de la ga­nancia, y por lo tanto busca neu­tralizar la lucha de los trabajadores en procura de un equitativo repar­to de la renta que generan con su esfuerzo, cerrando todas las vías que pudieran llevarlos a una justa redistribución de la riqueza.

En tanto la redistribución de la riqueza es una cuestión de políti­cas de Estado y de acciones de los gobiernos, el sindicalismo tiene el derecho y la obligación de pro­mover y reclamar que el funciona­miento de la economía reconozca nuevos paradigmas, principalmen­te el de la Justicia Social.

Para ello debe ser protagonista activo y asumirse como agente de cambios, en el ámbito de las ins­tituciones del Estado, frente a los factores de poder y en todo lugar y situación. De esta forma supera­rá su función meramente reivindi­cativa, para participar de las deci­siones sobre el país y la sociedad a construir, de acuerdo al proyecto histórico de los trabajadores.

Las referencias descriptas contex­tualizan el motivo de esta nota, puesto que para lograr los objetivos citados es necesario que la organi­zación sindical cuente con cuadros plenamente capacitados con sóli­dos fundamentos en lo político, lo social y lo económico y lo cultural.

En ese horizonte aparece con toda nitidez la necesidad de la forma­ción sindical, entendida, asumida y concretada como un imperativo in­soslayable para la responsabilidad de sus dirigentes.

En ese sentido cabe destacar que los trabajadores adquieren, en sus vi­vencias como personas y como pro­tagonistas del mundo del trabajo, una formación natural, es decir que cada quién cuenta con un bagaje so­ciocultural básico para la militancia sindical, que, viene al caso señalar, es su praxis social por excelencia.

En el caso de los dirigentes sindica­les, esa condición natural puede y debe desarrollarse aún más, metó­dica y sostenidamente, ampliando y profundizando el universo de sus conocimientos, con el fin de alcan­zar un nivel de conciencia crítica que le permita resolver aconteci­mientos y situaciones tanto cotidia­nas como las que afronte de mane­ra excepcional.

Se observa claramente que es in­dispensable y urgente perfeccionar conocimientos y prácticas ya adqui­ridas, sumar nuevos métodos para la acción y la conducción sindical, investigar sobre los comportamien­tos sociales, saber más sobre el intrincado mundo de la economía -para interpretarla lúcidamente y poder elaborar una opinión- y pro­fundizar sobre las múltiples formas en las que se expresa la política.

Todo ello y otras cuestiones que potencian el protagonismo perso­nal de los dirigentes y fortalecen la organización sindical, es posible lo­grarlas con una formación con mé­todos y contenidos que tomen en cuenta conceptos de la educación para liberación, y los principios y valores del Movimiento Obrero Or­ganizado y la concepción antropo­céntrica del trabajo y la economía.

En ese sentido FATFA tiene ya un largo camino recorrido y la convic­ción de que la formación sindical es una importante herramienta para capacitar a sus cuadros, profundi­zar la unidad de concepción de sus dirigentes y militantes, y reforzar la coherencia con su historia, para garantizar el presente y el futuro de su Proyecto Federal.

“Las organizaciones sindicales no valen tanto por el número de afi­liados, sino por la calidad de sus dirigentes”. Son palabras del Gene­ral Juan Domingo Perón, en el año l973.

Esa calidad del dirigente se refiere hoy a sus condiciones de conductor estratégico y político, su capacidad para interpretar correctamente la realidad y de analizar y descifrar sus mensajes y señales con visión de futuro, así como una prédica permanente sobre los valores tras­cendentes del sindicalismo y de su compromiso no solo con los traba­jadores, sino también con la socie­dad.

Esa calidad, esas condiciones, son fruto de un proceso continuo y sistemático que requiere voluntad personal y vocación de construc­ción colectiva de la formación que debe darse en la perspectiva de saber más para ser más. Es decir que no es la simple acumulación de saberes para ser un experto en teoría sindical o un profesional de carrera. Es la capacitación para des­empeñarse como protagonista de la acción sindical en todos los terre­nos y circunstancias, guiado por los conocimientos adquiridos, por sus convicciones personales y como un cuadro de la organización sindical.

Sintetizando: Hoy un cúmulo de cir­cunstancias plantean al Movimiento Obrero Organizado, y a las organi­zaciones sindicales que lo integran, exigencias y desafíos que son una verdadera interpelación como suje­to social.

Por lo tanto, o compone el lote de los que conducen, desde el sector público y privado, el proceso de desarrollo del país, que incluye a la sociedad en su conjunto, o es el eterno convidado de piedra conde­nado a lamentarse o protestar.

La respuesta es obvia, debe estar en­tre los que conducen. Por eso la for­mación sindical, que nutre e inspira, que potencia condiciones existentes, que agrega valores trascendentes, es un imperativo para la organización sindical y para sus dirigentes.

Manuel Reyes
ex secretario general de FATFA

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